Leer implica un acercamiento social, en el cual el sujeto conversa con su entorno; se apropia de su saber, de sus experiencias y juega con su imaginación, comprendiendo que leer va más allá de la decodificación. Por lo tanto, es necesario reconfigurar las ideas o conceptos que han generado la apatía constante entre el lector y los diversos textos que revelan realidades e imaginarios (Calle & Gómez, 2020, pág. 4).
Desde este punto de vista, la lectura debe ir acompañada del interés por conocer, aprender, de crear e imaginar diversas características del ser humano, de poder crear mundos posibles y ventanas al conocimiento. Se lee con la convicción que será útil y que beneficiará el nivel intelectual y social del ser humano.
La lectura es reconocida como una práctica indispensable en el entorno social. Y para lograrlo se requiere alcanzar ciertos niveles de competencia, los cuales con frecuencia no se logran debido a factores que repercuten significativamente en dichas prácticas lectoras (Calle & Gómez, 2020, pág. 18).
La lectura permite llevar al sujeto a manipular diversos textos de la mano de un adulto llámese docente, padre de familia para que puedan tener contacto y una identificación de lo que tienen en su poder, asociándolo a su contexto, a sus intereses o vivencias, teniéndose entonces propiedad e identidad.
Es importante motivar al infante a la lectura y que más enriquecedor que por medio del mismo texto reconociendo que es necesario buscar libros o textos apropiadas a la edad e interesantes para ellos.
La lectura es una experiencia enriquecedora desde donde se le mire. Permite tanto la apropiación de conceptos, como la resignificación de los mismos. De la misma manera, logra la construcción de criterios propios, tener sus puntos de vista desarrollando la criticidad y la posibilidad de propiciar hábitos de escritura desde sus propios pensamientos. Para Suárez (2014), la experiencia de la lectura, se trata de un encuentro pasional, entre texto y el lector que se nutre de lo intuitivo, lo sensorial y lo expresivo. Lo anterior hace posible fortalecer la comunicación y la posibilidad de encontrar en la lectura una oportunidad para el juego, la diversión y el aprendizaje.
Desde la labor docente, ha sido primordial la práctica de la lectura como una experiencia que posibilita habilidades de escucha, de atención, de desarrollo de pensamientos y una oportunidad para conocer el contexto de los estudiantes. Esta es una ventana a la interacción, al intercambio de ideas y la socialización de mundos creados por ellos, desde su imaginación inocente y creativa. En este espacio de lectura (ya sea con textos físicos o interactivos) se vale la sorpresa, los cuestionamientos, las posibles soluciones y los finales fantásticos o reales, partiendo de las vivencias propias del estudiante, quien a pesar de estar en sus primeros años de escuela experimenta un gran interés por descubrir e interiorizar situaciones que pueden llegar a ser propias. No se debe olvidar que los espacios literarios requieren de preparación, de magia y mucha expresividad por parte del lector, lo cual influirá en las diversas reacciones que se generen.
Para concluir, la literatura se convierte en una experiencia que fortalece competencias lectoras, en la medida que sea significativa y no se le asocie al estudiante en sus primeros años escolares como una necesidad u obligación académica. Es pertinente indicar que, el objetivo de la lectura debe ser inicialmente de diversión, de interiorización, que favorezca la interacción social y el descubrimiento propio de las habilidades o competencias que esta pueda generar en la medida que se apropie de la lectura como un hábito cotidiano. Logrando lo anterior, se puede ir escalando en niveles de exigencia que posibiliten reconocer su objetivo fundamental junto a las competencias establecidas por el Ministerio de Educación Nacional.
La lectura y la familia
Desde los primeros meses de vida el ser humano lee el mundo, las miradas, los gestos, los paisajes y todo aquello que le llama la atención, permitiéndole desarrollar habilidades y competencias de acuerdo a su edad. En estos primeros años la familia es quien con afecto y dedicación inicia la formación del ser desde los diversos ámbitos, permitiéndole al individuo el descubrimiento de su entorno y en este sentido, la lectura de todo lo que le rodea, el código escrito y las imágenes, se convierte en una experiencia maravillosa.Brice (2004), plantea la importancia de realizar desde los primeros años de vida la lectura de cuentos antes de dormir, ya que desarrolla la atención y la imaginación en el menor, así como habilidades básicas que resultarán fundamentales al momento de ir a la escuela. De igual manera, se genera un lazo afectivo importante, toda vez que ese espacio de lectura se convierte en un momento único, cargado de emociones e interés por la lectura. Es el adulto el ejemplo a seguir en este proceso. Sin embargo, se puede concluir que, este ejercicio es poco implementado en este contexto; pues si bien, la mayoría de los padres consideran primordial la formación en los procesos de lectoescritura, dejan esta función a la escuela, la biblioteca o entidades que prestan este servicio, ya sea por realizar sus labores diarias, por ser iletrados, por considerar no sentirse preparados para orientar a sus hijos.
Estas situaciones han venido generando en los estudiantes una apatía notable al momento de realizar actividades que requieren del proceso lector, algunos se sienten desmotivados, expresando que en sus hogares no les prestan la atención necesaria, no comparten espacios de diálogo donde ellos puedan contar sus experiencias lectoras o se les niega la participación en eventos a salidas a la biblioteca. De allí que poco existan los hábitos lectores y por ende el placer o gusto por la misma.
“Las investigaciones sobre el papel de la familia en el aprendizaje de la lectura han concluido que las dos terceras partes provienen de ella… que los buenos lectores provienen de hogares donde los padres proporcionan un modelo lector y estimulan a sus hijos en la experiencia lectora” (Alliende, F.; Condemarín, M., 2002, pág. 266)
El papel de los padres en el proceso de lectura es importante y necesario. Desde que se es bebé el padre inicia acompañándolo con arrullos y pequeñas canciones para acompañar y hacerlo dormir; el bebé se acostumbra a que esto ocurra. Así mismo, si se continúa con este proceso en la enseñanza de la lectura utilizada al dormir o en un día de esparcimiento, este será un factor motivante. Se interesará por descubrir textos y solicitará a los adultos que le complazcan con la lectura que le ayuda además a desarrollar la imaginación y el interés por descubrir nuevos mundos.
Aunque el tiempo que pasan los niños y adolescentes en la escuela es significativo, hay un tiempo considerable que pasan en sus casas en la que sus padres les ayudan en sus tareas orientándolos y acompañándolos afectivamente. Este debe ser el espacio primordial para compartir y aprovechar procesos lectores, así mismo para conocer inquietudes interés o prioridades de sus hijos. Los autores afirman que cuando los padres dedican tiempo a sus hijos mejoran también su lectura personal.




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